Es imprescindible mirar los mapas adecuados. Olvídese del típico mapamundi en proyección Mercator; eso es basura para el tema groenlandés. Busque una imagen de la Tierra o un mapamundi en proyección ortográfica o Lambert centrada en Groenlandia. ¿Ya lo tiene? Excelente. Ahora resulta fácil ver que Estados Unidos está separado de Groenlandia por el inmenso territorio de Canadá, de manera que las fuerzas aéreas o navales de Trump se verían obligadas a dar enormes rodeos para llegar a la isla helada.
A primera vista, la posesión de Alaska les permite acometer desde dos flancos.
Sin embargo, un ataque desde Alaska es un callejón sin salida, pues el extremo norte de la isla es una desolación helada, totalmente vacía. Lo cierto es que la práctica totalidad de la isla es una desolación helada, cubierta por un manto de hielo de cientos o incluso miles de metros de espesor. En realidad, el inmenso territorio groenlandés, más de cuatro veces España, es bastante pequeñito si nos centramos en las escasas zonas habitables, casi todas las cuales están en la costa occidental de la isla, encaradas hacia Canadá. Por eso su población total se reduce a 57.000 personas.
En términos prácticos, para el imperio estadounidense, conquistar Groenlandia significa enviar una flota por el Atlántico en una travesía de 3.500 kilómetros para tomar la capital, Nuuk, y otras pequeñas poblaciones de la costa occidental. Luego sería necesario reforzar la base área de Thule, que a día de hoy es poco mas que un puesto de observación, y desplegar nuevas bases y buques de guerra en el extremo sur y en la inhóspita costa oriental para prevenir cualquier contraataque europeo. Las dificultades prácticas de mover y mantener una gran fuerza militar en una climatología muy hostil no deben desdeñarse, pero aun así el plan es factible sin mayores riesgos con dos condiciones:
A) Que los europeos no desplieguen fuerzas militares en la isla y sus alrededores,
y B) Que los canadienses permanezcan pasivos ante la invasión.
Ahora bien, si se miran los mapas adecuados, se evidencia enseguida que una Groenlandia reducida a colonia del imperio estadounidense es el preludio obvio para la invasión norteamericana de Islandia y otros territorios europeos en el Atlántico Norte, como las islas Svalbard o la Isla del Oso, de Noruega, las islas Feroe, de Dinamarca, o las Shetland y las Orcadas, británicas. Porque ya sabemos que el apetito se abre comiendo. Pero todo eso no es más que el entremés.
Insisto: observen atentamente los mapas adecuados. Una Groenlandia en manos de Trump le da una posición geopolíticamente dominante sobre Canadá. Les tendrían casi rodeados y podrían cortar sus comunicaciones con Europa prácticamente a voluntad. Y Trump ya ha dejado muy claro que codicia Canadá como nueva provincia de su imperio, anteriormente República de Estados Unidos.
De la misma forma en la que la mejor defensa militar de Moldavia, Rumania o los países bálticos contra Rusia pasa por la resistencia ucraniana, la mejor defensa militar de Groenlandia pasa por la resistencia de Venezuela. Pero si Trump llegase a un acuerdo con la oligarquía chavista para repartirse el botín, Canadá y la UE tendrán que decidir si unen fuerzas y luchan o se limitan a lloriquear mientras el nudo corredizo se estrecha en torno a sus cuellos.