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| imagenes.elpais.com/editorial/ resizer/ Sr. Garcia// |
Por un lado, que se pretenda presentar una operación militar como sinónimo de liberación democrática.
Por otro, que el chavismo utilice la intervención extranjera y la captura de su líder como coartada para cerrar filas, militarizar aún más el país y justificar una represión sin límites bajo el discurso de la defensa nacional.
Ninguna de las dos narrativas resiste un análisis serio. La violencia, venga de donde venga, no construye instituciones ni restituye derechos.
Trump no actúa aquí como garante de la democracia, sino que sitúa la fuerza por encima del derecho.
Otras potencias tomarán nota de las nuevas reglas cuando miran a Taiwán o a Ucrania.
La prioridad inmediata debe ser una desescalada urgente y descartar cualquier operación militar adicional como ha amenazado Trump.
La comunidad internacional, empezando por Europa y los países de la región, debe ser coherente: condenar cualquier violación del derecho internacional y, al mismo tiempo, reconocer con claridad dónde reside hoy la legitimidad democrática en Venezuela.
