Cualquier persona que muestre un mínimo de solidaridad humana, y que se encuentre dentro del arco parlamentaria desde la izquierda de la izquierda, pasando por el PSOE, los nacionalismo democráticos y hasta la derecha católica defensora de la democracia cristiana europea tienen que considerar un paso positivo esta medida.
Es de justicia que todos los trabajadores emigrantes que tienen las mismas obligaciones que los "nacionales" tengan también los mismos derechos.
Contaminar la xenofobia con la emigración es de racistas y nazis que, hoy en día, se refugian fundamentalmente en Vox y su entorno y, es lamentable que la derecha presuntamente democrática no solo no les señale y condene por su antihumanidad totalmente alejada de los preceptos católicos que suelen defender, sino que además les rían las gracias de sus barbaridades dialécticas.