Con Donald Trump se puede pactar, claro que sí. Pero como quien pacta con el diablo. Desde la firmeza. Sin genuflexiones. Lo que no excluye un estrilo correcto. Es lo que nos ha enseñado un año entero de su segundo, y peor, mandato. Y es lo que parece corroborarse ahora con el anuncio de un preacuerdo sobre Groenlandia. Todo indica que Europa ha ganado el pulso, aunque Norteamérica obtenga concesiones importantes.
Y a falta de detalles, ahora sabemos que:
-Dinamarca ha garantizado todo lo que exigía y declaraba: el respeto de su integridad territorial, de su soberanía, que incluye a Groenlandia, la mayor isla del mundo.
-Trump retira el “castigo” de los nuevos aranceles a los ocho países europeos que enviaron simbólicamente tropas a Groenlandia.
-Ni la palabra ni la firma del autócrata vale un pimiento.
-Pero que Trump respete no significa que deje de incordiar. Siempre que puede se acuerda de España (y de Pedro Sánchez), porque no se arrodilla a su orden de dedicar un 5% de su PIB a gasto militar. ¡Bravo! Una posición sensata. Y un orgullo no sentirse esclavos.
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