Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento.
(Abraham Lincoln)
Aplíquese a Trump y a los venezolanos.

lunes, 12 de enero de 2026

El nuevo tipo de fascismo que afecta al mundo entero.
Siri Hustvedt, en El País de ayer.

“El fascismo puede definirse como una forma de comportamiento político que se caracteriza por la obsesión por el declive, la humillación o el victimismo de la comunidad y el culto compensatorio a la unidad, la energía y la pureza; y en la que un partido de masas formado por militantes nacionalistas entregados —con los que colaboran de forma incómoda pero eficaz las élites tradicionales— abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentora y sin restricciones legales, unos objetivos de limpieza interna y expansión externa”. Robert Paxton, Anatomía del fascismo, 2004 (Ed. española, 2019) Para Paxton, destacado estudioso del fascismo, el violento asalto al Capitolio cometido el 6 de enero de 2021 fue lo que convirtió algo que, a su juicio, era un movimiento populista autoritario en fascismo propiamente dicho.

¿Importa saber si al régimen que ha consolidado su poder en Estados Unidos a toda velocidad debemos llamarlo populismo autoritario o fascismo?

En mi opinión, sí. 
El júbilo beligerante de los mítines de Trump, como los mítines de masas de Italia, España y Alemania, son una especie de exorcismo colectivo. Los demonios internos del malestar cultural generalizado se descargan sobre algún otro muy conveniente: feministas, intelectuales, científicos, demócratas. Judíos, inmigrantes, gente de color, las comunidades LGTBQ, las personas con discapacidad. La culpa de que yo me sienta mal la tienen ellos, no yo ni los míos.

Barack Obama, nuestro presidente negro, que gobernó durante dos mandatos, Kamala Harris, nuestra vicepresidenta afroasiática, e incluso Hillary Clinton, blanca pero mujer, constituían graves afrentas contra el orden establecido. Cuando Trump muestra abiertamente su intolerancia y crueldad, está autorizando a los demás a hacerlo también y, por consiguiente, los libera de todo sentimiento de culpa social por sus propios prejuicios.

Los medios de comunicación estadounidenses deben dejar de utilizar la palabra “conservador” para referirse a los personajes y las políticas de extrema derecha y a los think-tanks que los apoyan.
Es esencial saber a qué nos oponemos; no es conservadurismo.
Es un nuevo tipo de fascismo que afecta al mundo entero
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 9 de enero a la salida de la Casa Blanca.
DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

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