A todos nos gustaría vivir en un mundo donde todos fuéramos honrados, aunque sabemos que es una utopía, pues el ser humano es esencialmente frágil. Lo que no es admisible es la sorpresa que nos estamos llevando al ver en puestos de gran responsabilidad pública a personas con tan poca enjundia.
Nuestros políticos no vienen caídos del cielo, son la representación de un país amante del trapicheo y la corruptela.
Pero si trapichear parece que está en nuestros genes, ante un mal tan real y borbónicamente endémico creo que habría que aprobar leyes para elevar el nivel exigido a quienes van a participar en los asuntos públicos.
1. Currículum de estudios: en otros tiempos difíciles pudo haber gente de gran valía que no había tenido la oportunidad de estudiar, pero hoy día se requiere una preparación.
2. Experiencia laboral: ante las trayectorias laborales tan pobres que vemos, que se hiciera un examen de dónde y cómo ha sido su experiencia laboral. Con frecuencia vemos que es refugio de donnadies que no han demostrado nada ni trabajado en nada, que su mérito ha sido ser aduladores del de arriba. Son los peores, no tienen marcha atrás, ni dónde ir si dejan su buen sueldo.
3. Exposición clara y precisa de por qué quiere entrar en política, sus ideales. Con frecuencia hemos vistos a políticos que han ido cambiando
Preparación, experiencia laboral, por qué quieren entrar en política y declaración precisa de bienes al entrar y al salir
de partido para medrar.
4. Declaración precisa de su hacienda personal al iniciar un cargo político, y lo mismo al terminar, que justifique su patrimonio.
No soy un ingenuo, todos podemos ser falibles, y por eso debe haber una normativa para todos. Así disminuiría la corrupción, nos pareceríamos un poco más a los países nórdicos, donde en el sentido cívico hay unas normas estrictas.
La gente normal no se insulta ni grita. Y viendo la grosería instalada en esos que predican odio entre los ciudadanos y que argumentan con mentiras, se echa de menos a quienes aunaban la preparación intelectual con la elegancia y educación en su exposición.
Sobre todo educación. Los ciudadanos no merecemos esto que estamos viendo, unos personajes grises y extremistas lanzando odio, gritos, embustes y mentiras. No merece la pena ni nombrarlos, pero lo malo es que mucha gente no sabe filtrar ideas y se lo cree.
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Retocando la célebre frase de De Gaulle ... «He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de cualquier descerebrado» y medirlo, el medida del descerebro, no es tan dificil.