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| Trump recibe la medalla del Nobel de la Paz de María Corina Machado en el Despacho Oval. Daniel Torok (White House) |
En este caso, no estamos ante una premiada que se desprende generosamente de un trofeo mas o menos deseado personalmente para dedicárselo a las víctimas por las que lucha, no, sino ante el vasallaje, la rendición ante el autócrata que, si nadie lo evita, va a dictar el futuro de su país, Venezuela. Se llama adulación, soborno, indecencia.
Nadie se salva en esta exhibición de humillación colectiva, en esta subasta pública de ese bazar llamado Casa Blanca a cambio de sus favores.
Mucho más valioso que un galardón, Delcy Rodríguez ha entregado a Trump a su presidente Maduro y, sobre todo, millones de barriles de petróleo que fluirán rumbo a unas cuentas corrientes que nada tienen que ver con Venezuela.
Una medallucha bañada en oro poco puede competir con semejante botín.
Y una lección para todos: el pelota de la clase, aquel de quien nos reíamos por humillarse hasta su degradación, es quien gana en el mundo de hoy. La ley del más fuerte ha vuelto y gana quien soborne mejor.
Y la culpa de esto no es de Sánchez. Ni de Zapatero.
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