| Luis García Jambrina (foto: Librotea) |
Se trata de una 'Semana Unamuniana en Bilbao' en la que se pretende ahondar en la biografía del escritor y filósofo bilbaíno.
| Luis García Jambrina (foto: Librotea) |

La tragedia de la incomprensión, en la que luchan el amor puro, la pasión, el orgullo, los celos, la venganza.
La producción se anuncia como muy elegante y respetuosa con la ambientación de la trama original, situada en Chipre a finales del siglo XV.
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Una gran obra que aborda el choque entre la ilusión y el realismo y define el teatro de los años 40 norteamericanos, convirtiéndose en un clásico para las generaciones siguientes. Un viaje por Nueva Orleans a través de un tranvía con dos paradas -Pasión y Muerte- entre las que los protagonistas deben decidir; dos estaciones que definen el trágico e inevitable destino al que se dirigen.
Un tranvía llamado deseo es una de las cumbres de la dramaturgia norteamericana, un texto redondo e incuestionable sin el que es imposible entender el teatro del siglo XX. El Tranvía resulta hoy tan rica y poderosa como cuando se estrenó hace ya más de setenta y cinco años, y es que muy pocas obras han aguantado tan bien el paso del tiempo y aún menos obras están tan presentes, obviamente debido en gran parte a su adaptación cinematográfica, en la memoria de los espectadores de todo el mundo.
Su retorno pretende ser el último homenaje a la mujer de su vida, a la que amó, pero pronto se convertirá en una pesquisa sobre las inquietantes circunstancias que rodearon su muerte.
Alfredo tendrá que enfrentarse a su propio pasado, reviviendo una historia de amor que coincide con la época en que Bilbao pasa de ser una población casi rural a convertirse en una de las ciudades más prósperas del Viejo Continente.
Miguel Delibes retrató, de manera magistral y descarnada, en Los Santos Inocentes, la España franquista de los años 60.
Hay personas (lamentablemente parece que cada día más) que aspiran y reclaman una sociedad como aquella que retrató Delibes en su libro Los Santos Inocentes, una obra literaria que, de forma fiel y magistral, llevó a las pantallas el cineasta Mario Camus: una sociedad injusta, gris, clasista, desigual, excluyente, de moral ultracatólica y conservadora; una sociedad de señoritismo y privilegios; de sumisión, desesperanza y pobreza para las mayorías.
Pero lo peor de todo esto no es que queden fascistas (de nuevo corte, o tradicional), entre las élites económicas y en los sectores más acomodados de la sociedad (eso ya lo sabíamos) Lo más grave y preocupante es que otra mucha gente, gente trabajadora y humilde, esté dispuesta a ejercer de Paco y de Régula para “los señoritos”.
Porque es eso lo que, ignorantes o indolentes, soberbios, ufanos y convencidos, defienden, tanto en las tabernas como en las urnas. Sin un atisbo de duda. Con tan poca de vergüenza como falta de amor propio.
www.eldiario.es/opinionsocios/santos-indecentes-2-0
- Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
- No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.
- Eres el dueño de tu vida y tus emociones, nunca lo olvides. Para bien y para mal.
- Si tú vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz.
- No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
- Bueno, debo soportar dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas.
- Te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos.
- Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.
- Todas las personas mayores fueron primero niños. (Pero pocas lo recuerdan).