El verdadero paso hacia la salud es recordar que
la buena vida es un fuego compartido en el que todos nos podemos calentar.

jueves, 13 de agosto de 2026

De circo y de pelotas.

En estos tiempos que corren (o reptan), en que la realidad parece haber sido sustituida por una desaforada y peligrosa caricatura de involución, mi capacidad de asombro está bastante disminuida o curada de espantos.
Aun así, algunas cosas todavía me dejan ojiplático (graciosa palabra para usar muy de vez en cuando).
Me entero en relación con ese señor que preside la FIFA, Gianni Infantino, cuya perenne sonrisa de uralita me resulta más falsa que un euro de cartón, que Mohamed VI, el rey de Marruecos, ha decidido que se construya cerca de Casablanca un estadio capaz de albergar a 115.000 espectadores. Se llamará Gran Estadio Hassan II y, si nadie lo remedia a base de cordura, será el campo de fútbol con mayor capacidad del mundo.
Se costeará con dinero público.
Se prevé que estará finalizado en 2028 y Mohamed VI, contando con la criticada influencia de Infantino, pretende que se juegue en ese campo la final del Mundial de 2030.
Es posible que por el ostensible amor del monarca hacia sus súbditos más desfavorecidos, las entradas a los partidos sean gratis para ellos. Así lo hacían los emperadores romanos con todos los ciudadanos, para los que era gratuita la entrada a los juegos y combates de gladiadores en el Coliseo de Roma.

Y por pelotas no me refiero a los balones de fútbol, sino a los pelotilleros, tiralevitas, lisonjeros, ñangotados, cobistas, aduladores y quitamotas.
Infantino es un pelotillero de libro. Con su cabeza perfectamente esférica y pelada consigue la doble metáfora física del balón de fútbol y del pelota.
Con el rey de Marruecos se le ha visto próximo a la genuflexión, pero con Trump estuvo a punto del sexo oral; por lo menos habría evitado ese ratito la odiosa sonrisa.
Otro que con Trump consiguió altas, o más bien bajas, cotas lacayunas, fue Mark Rutte, el secretario general de la OTAN. También esgrime sonrisita constante y congelada como un rictus inhumano.