Han pasado 90 años del 18 de julio de 1936. Nada que celebrar. Mucho que recordar, reflexionar, lamentar y pensar. Y mucho que hacer para impedir que se repita.
sábado, 4 de julio de 2026
El 250 aniversario del nacimiento de EE.UU. y el ataque interno a sus principios aspiracionales.
“Consideramos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, que su creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” y "el poder de los gobiernos se deriva del consentimiento de los gobernados; y el pueblo tiene derecho a cambiar o abolir cualquier forma de gobierno que vaya contra estos principios".
Hoy, millones de personas viven en democracias inspiradas por estos principios y no aceptarían vivir de otra manera; y el resto aspira a ese mismo logro. Es justo reconocer el impacto histórico que tuvo poner las ideas de la Ilustración por escrito y convertirlas en acción política. Los últimos dos siglos de historia no se explican sin esa audacia.
Pero ninguna celebración del 4 de julio, y menos cuando esta se produce con Donald Trump como presidente y su movimiento de fanáticos arrollando las instituciones, puede ignorar que el sistema constitucional inventado entonces nació sobre contradicciones profundas no resueltas que hoy siguen sangrando. Los hombres que llenaron páginas sobre la libertad y la igualdad ignoraron la monstruosidad de la esclavitud, que tenían en sus propias casas. Ese pacto odioso es la gran herida sin cerrar que aún define casi todas las particularidades de Estados Unidos. Incluso después de la abolición, el racismo institucional ha tenido distintas formas y no es ajeno al despiadado espectáculo de persecución de inmigrantes que practica el actual Gobierno de EE UU.
Igualmente, la fabulosa riqueza creada por su sistema de libertades conlleva un reverso de pobreza inconcebible en cualquier otra democracia.
Pero Trump no es un presidente más, porque no aspira a seguir los ideales de 1776, sino a demolerlos. El hombre que hoy presidirá las celebraciones por el aniversario de la Declaración es el mismo que lidera el asalto a los ideales que representa.
Y hoy, en su 250 aniversario, el mensaje que transmite al mundo es que una minoría radical bien organizada, si la mayoría se lo permite, puede poner en cuestión incluso verdades que son evidentes por sí mismas.