Han pasado 90 años del 18 de julio de 1936. Nada que celebrar.
Mucho que recordar, reflexionar, lamentar y pensar.
Y mucho que hacer para impedir que se repita.

miércoles, 29 de julio de 2026

Hablamos de pirómanos, de emergencia
y de democracia.

Imágenes nocturnas del incendio forestal
de Los Gallardos (Almería) el pasado 10 de VII
Francisco J. Olmo / Europa Press
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F.Valladares/ E. Saldaña.
Esto hay que decirlo alto y claro: es una decisión política criminal, repetida año tras año.
Los fallecidos de Los Gallardos murieron porque hay pirómanos políticos que se negaron a blindar con financiación estable las medidas de prevención y protección civil que el Gobierno llevaba dos años prometiendo.

Y también porque la Junta de Andalucía, sin Presupuestos aprobados para 2026, dejó que el cuerpo de agentes medioambientales perdiera 96 efectivos —un 14%— antes de esta campaña.
Y aquí emerge una verdad muy incómoda: España no sufre un déficit de preocupación climática, sino un déficit democrático.

Mientras la emergencia exige más deliberación pública e inteligencia colectiva, nuestro sistema de partidos sigue ofreciendo respuestas del siglo pasado, basadas en la negociación entre élites y el cortoplacismo electoral.

Ese es el punto de mayor consenso en nuestra sociedad: la gente quiere escuchar a la ciencia, emprender el camino del poscrecimiento y sobre todo participar en las decisiones que afectan a su vida y a la de las generaciones futuras.

El verdadero problema actual no es si habrá o no un Pacto de Estado, sino qué partidos están dispuestos a pactar de verdad con esta evidencia científica. Según el Real Instituto Elcano, el 87% de los españoles quiere que el Parlamento adopte los objetivos que dicte la ciencia. Además, la experiencia demuestra que las políticas de suficiencia, lejos de generar rechazo social, encuentran un apoyo unánime en las asambleas ciudadanas climáticas siempre que se apliquen con justicia social.