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viernes, 5 de junio de 2015

A mí me llama la atención tanto los que se emocionan al escuchar un himno como los que lo abuchean

Cuando en los campos de fútbol de España, se escucha a miles de personas cantar el ¡Que viva España! de Manolo Escobar fuera de sí, en plan himno patrio, cuando los jugadores del Barcelona o de los equipos vascos saltan al campo saludándolos protocolariamente para continuar después con eslóganes dirigidos a éstos del estilo de “¡Puta Cataluña!” o “¡No son españoles, son hijos de puta!”, a los que se rasgaron las vestiduras el pasado sábado no les he oído decir nada.
Como aficionado al fútbol estoy ya acostumbrado a la anormalidad humana y, como español, debería estarlo también a la mala educación de mi país, que en eso no distingue entre nacionalidades y regiones, y no tomarme en serio las reacciones de mis compatriotas, lo sean de buen grado o por obligación legal. Pero a mí me dan miedo tanto los que se emocionan al escuchar un himno como los que lo abuchean.