Es imprescindible mirar los mapas adecuados. Olvídese del típico mapamundi en proyección Mercator; eso es basura para el tema groenlandés. Busque una imagen de la Tierra o un mapamundi en proyección ortográfica o Lambert centrada en Groenlandia. ¿Ya lo tiene? Excelente. Ahora resulta fácil ver que Estados Unidos está separado de Groenlandia por el inmenso territorio de Canadá, de manera que las fuerzas aéreas o navales de Trump se verían obligadas a dar enormes rodeos para llegar a la isla helada.
A primera vista, la posesión de Alaska les permite acometer desde dos flancos.
En términos prácticos, para el imperio estadounidense, conquistar Groenlandia significa enviar una flota por el Atlántico en una travesía de 3.500 kilómetros para tomar la capital, Nuuk, y otras pequeñas poblaciones de la costa occidental. Luego sería necesario reforzar la base área de Thule, que a día de hoy es poco mas que un puesto de observación, y desplegar nuevas bases y buques de guerra en el extremo sur y en la inhóspita costa oriental para prevenir cualquier contraataque europeo. Las dificultades prácticas de mover y mantener una gran fuerza militar en una climatología muy hostil no deben desdeñarse, pero aun así el plan es factible sin mayores riesgos con dos condiciones:
A) Que los europeos no desplieguen fuerzas militares en la isla y sus alrededores,
y B) Que los canadienses permanezcan pasivos ante la invasión.
De la misma forma en la que la mejor defensa militar de Moldavia, Rumania o los países bálticos contra Rusia pasa por la resistencia ucraniana, la mejor defensa militar de Groenlandia pasa por la resistencia de Venezuela. Pero si Trump llegase a un acuerdo con la oligarquía chavista para repartirse el botín, Canadá y la UE tendrán que decidir si unen fuerzas y luchan o se limitan a lloriquear mientras el nudo corredizo se estrecha en torno a sus cuellos.
