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jueves, 12 de diciembre de 2013

El presidente Mariano Rajoy es un imbécil. Hanlon tenía razón.

De verdad. Creía que ninguna declaración de Mariano Rajoy me podía sorprender. Desde aquellos hilillos de plastilina del Prestige hasta hoy han pasado muchas cosas: el “salvo alguna cosa”, el “la segunda ya y tal”, lo del plasma… Después de asistir a todo eso yo me creía ya inmune a cualquier cosa que hiciera o dijera Rajoy. Pero me equivocaba.

Y Rajoy me volvió a sorprender. Lo pondré por escrito porque aún no me lo puedo creer. Transcribo literalmente. Impresiona:
Locutor RNE: Usted podrá comprobar el ambiente tan especial que está viviendo esta ciudad y este país para despedir a todo un icono del siglo XX.
Mariano Rajoy: Pues si. He visto algunas imágenes de televisión aquí en el hotel y realmente es impresionante… este estadio de fútbol en el que se va a despedir a… a… Mandela, pues es el estadio dónde España además se proclamó campeón del mundo en su día frente a Holanda de fútbol (sic) no? Eh… con lo cual pues es realmente un momento muy bonito y muy emocionante y es uno de los… el lugar es más emblemático por estas razones de Sudáfrica y lo será más en el futuro, después del acto de hoy.
Este es el imbécil de nuestro presidente: Mariano Rajoy. Y lo digo así porque hasta hoy, siempre albergué la esperanza de que el hombre fuera solamente malo. Lo de los “hilillos” se podía explicar para intentar tapar una mala gestión del Gobierno. Lo del “salvo alguna cosa” y lo de “la segunda ya y tal” se podía explicar por la enorme presión a que estaba sometido y por las profundas implicaciones políticas del caso Bárcenas.
Hasta hoy pensaba que Rajoy era un cabrón que formaba parte de un maquiavélico plan para dominar y saquear España. Hoy ya tengo claro que es sólo un imbécil. En este punto no puedo evitar recordar el Principio de Hanlon que advierte: “Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”. Viendo a Rajoy parece que el tal Hanlon tiene razón.