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Incluso la noche más oscura terminará y el sol saldrá (Victor Hugo)

martes, 10 de diciembre de 2013

Laicismo no es ateísmo.


Ateísmo es no creer en dioses, punto.


Hablar de un Estado Laico, no es un tema de Ateísmo, es un tema de Derechos Humanos. Y es un tema de Derechos Humanos porque protege los derechos y la libertad de conciencia de todo individuo, sea de la ideología que sea.

Lo anterior es muy simple, porque cuando a una institución religiosa se le dan privilegios -cuando una institución religiosa recibe financiamiento por parte del Estado (que a la vez viene del impuesto de ciudadanos de otras ideologías), cuando una institución religiosa influye en la legislación y en las decisiones políticas de un país o de una organización internacional-, entonces no estamos hablando del Derecho Humano a la Libertad Religiosa, sino de imposición de una religión y una violación a los Derechos Humanos de personas de otras religiones, creencias y no creencias.

Un Estado Laico no ofrece ningún privilegio ni ataca a ninguna religión. Un Estado Laico propone: los derechos fundamentales de libertad de pensamiento, conciencia y expresión de todo ser humano, contemplados en los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; la igualdad de la mujer y su derecho humano a tomar decisiones libres, educadas y responsables sobre sus derechos sexuales y reproductivos; el respeto a los derechos de igualdad y no discriminación para todas las personas LGBT; un Estado libre de influencia de privilegios religiosos; y un Estado de neutralidad en materia de religión, creencias y no creencias.

Por ello, es importante subrayar el punto y aclarar cualquier duda: un Estado Laico es un tema de Derechos Humanos. Y siendo que el principio de la "universalidad" es la piedra angular de los Derechos Humanos, hablar de un Estado Laico es un tema Universal; por lo tanto, nos beneficia a todos.