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miércoles, 28 de agosto de 2013

El islamismo político en la encrucijada.

Fragmentos del artículo de Ana Aizpiri
este fin de semana pasado en Vocento.
Partidos de corte islamista ganaron las elecciones tras las revueltas de la ‘primavera árabe’ tanto en Túnez como en Egipto, pero ¿significa eso que el islam político es la ideología predominante, la más popular, en esos países? Ciertamente, no.

Aunque es una obviedad, conviene aclarar la diferencia entre los conceptos ‘islamista’, seguidor de las ideas del islamismo político, y ‘musulmán’, creyente del islam. Muchos de los comentarios publicados en nuestra prensa desde la caída de los autócratas Zinedin Ben Ali, Hosni Mubarak y Muamar Gadafi, parecen estar sustentados en la idea de que, al tratarse de países de religión musulmana –en Egipto existe una importante minoría cristiana– la mayoría de la población debe ser favorable a los postulados del islamismo político, orientados a la instauración de la ‘sharia’, el código islámico, como único ordenamiento jurídico y el establecimiento del califato. Esos objetivos ideológicos chocan tanto con la evolución de los usos y costumbres en sus sociedades, paulatinamente modernizadas, como con los sistemas políticos de los países del Oriente Medio y del Magreb desde su descolonización.

La religiosidad de los egipcios, heredada por los fieles tanto cristianos como musulmanes y cimentada desde la antigüedad, no necesita del islamismo político, pues está bien provista de instituciones sociales y costumbres que la sirven de vehículo de expresión. Pero el islamismo político, como ideología que considera la religión como principio y fin de la teoría y la práctica políticas, es una realidad innegable, aunque ahora en Egipto las autoridades interinas y el ejército intenten aplastarla.

La quema de iglesias o el hostigamiento de ciudadanos e instituciones como ocurrió con el Tribunal Constitucional, o la ciudad de la comunicación, sitiada por seguidores islamistas durante meses en 2012, así como la articulación de discursos que llamaban a la resistencia violenta tras el golpe que se infligió a Morsi, han convertido en credo la idea de que los Hermanos Musulmanes eran un peligro para el Estado.

El Gobierno interino de Egipto revisa la participación de las formaciones políticas de ascendiente religioso en el juego político. Si son vetadas se quebrará la posibilidad de que esas formaciones, especialmente la que ha gobernado durante un año, aprendan de sus errores y se modernicen, despojándose de la sacralidad con que revisten su ideología política.

Si se condena al islam político a la clandestinidad, y eso indican las detenciones de dirigentes de la Hermandad y de partidos islamistas en Egipto, se habrá truncado la oportunidad para que esa corriente política identitaria internacional, fortalecida en los convulsos años que siguieron al 11-S, pueda existir en el terreno de la pugna política, debilitando así a las organizaciones islamistas yihadistas.

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También es cierto que no todas las formaciones político religiosas de Egipto son como los "Hermanos Musulmanes" y las hay con fuertes discrepancias tácticas con este partido político. Sin ir mas lejos, los salafistas, que han decidido sumarse a la redacción de la nueva Constitución egipcia que, por otra parte, seguirá considerando al Islam como la religión de Egipto y a la sharia la principal fuente de legislación. ¡Y estos son los más "laicos". ¡Toma esa!

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