en la de todos? No creo.
¿Y si finalmente y ante la amenaza de la ultraderecha mundial, la izquierda de la izquierda española, la existente en cada uno de los territorios que la forman, podrá presentar un frente común, basada en su territorialidad? Espero que sí.
Parece razonable pensar que encajar los diferentes ánimos pasa por reconocer la confederación de partidos, dejar de mirarse al ombligo y reconocer que avanzar pasa por entender que los personalismos son un cáncer repugnante y contradictorio ideológicamente con lo que se dice pensar.
El rechazo de EH Bildu, ERC y BNG a diluir sus siglas, y el posicionamiento de otras formaciones como Compromís o CHA que buscan aunar bajo su ala a todas las sensibilidades en su circunscripción, la opción confederal tomaría forma siguiendo la estela de experiencias anteriores: cada lista con asentamiento territorial se hace única, se vota por separado, y una vez constituido el Congreso, se conforma grupo parlamentario general.
Y es cierto que todavía faltan algunos síes importantes para que este proyecto funcione. Probablemente el sí al proyecto de Podemos, de darlo, será el último, pero no hacerlo sería algo imperdonable para un sector muy consciente de que cualquier desprecio a la unidad supone el hundimiento de todos/as.