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Tres adioses' es un drama sereno y esperanzador ambientado en Roma, que reivindica la alegría de vivir ante la inminencia de la muerte.
Quizá suene naif en estos tiempos cínicos, pero 'Tres adioses' ('Tres cuencos' en su título original en italiano) reivindica esos pequeños placeres que redescubrimos cuando la vida nos da un vuelco. Ese helado que saboreamos lujuriosamente, el pequeño restaurante en el que cenamos con un amor, las horas muertas en nuestra librería favorita, ...
También es un canto de amor a la Roma de Coixet, a los cielos cubiertos por las danzas de millones de estorninos, y a las callejuelas del Trastevere con hornacinas habitadas por vírgenes que vigilan desde las alturas.
Marta es una buena tía que se preocupa por sus alumnos, que soporta a una hermana desastre y que hace como que no se da cuenta de que otro profesor bebe los vientos por ella. El duelo por la ruptura sentimental será corto: el diagnóstico de un cáncer incurable en su última fase trastocará todo.
Conmueve el despertar de la protagonista, el descubrimiento de que la vida es algo más que una relación de pareja. Que Marta se sincere ante una silueta de cartón de un cantante de pop coreano que esconde en su armario deviene la mayor extravagancia de este drama delicado, sereno y maduro que transmite esperanza y que merece la pena ver.