- La posibilidad de una candidatura única a la izquierda del PSOE vuelve al centro del debate en un momento decisivo. Pero la reorganización de la izquierda alternativa no puede limitarse a “parar a la derecha”, sino articular una propuesta que conecte con los malestares sociales de la época. Una izquierda atomizada podría quedar infrarrepresentada no por falta de respaldo social, sino por el efecto mecánico del voto dividido.
El portavoz de ERC en el Congreso,
Gabriel Rufián. Chema Moya/EFE
www.eldiario.es/opinion/anna-lopezAquí la aritmética electoral es determinante. La fórmula D’Hondt favorece a las fuerzas más votadas y castiga la dispersión, especialmente en las provincias pequeñas y medianas —28 de las 50 circunscripciones reparten entre tres y seis escaños—, donde el umbral efectivo es mucho más alto de lo que sugiere el porcentaje nacional. En esos territorios, la fragmentación puede traducirse en pérdidas directas de representación incluso cuando el bloque progresista iguala o supera en votos al conservador.El diagnóstico es claro: el espacio a la izquierda del PSOE se divide entre partidos movilizados y con proyecto definido y otros desmovilizados y tensionados internamente. Si la fragmentación persiste, el riesgo no es solo un relevo gubernamental, sino una reconfiguración más profunda del mapa ideológico, con una derecha cada vez más “abascalizada” y una extrema derecha normalizada. - Lo que está en juego no es únicamente la supervivencia de un espacio político, sino la calidad de la democracia en 2026. El Parlamento Europeo declaró en 2022 que Hungría, bajo Viktor Orbán, se ha convertido en un “régimen híbrido de autocracia electoral”. Ese precedente muestra cómo, desde dentro, pueden erosionarse contrapesos institucionales. Por eso, la decisión que ahora se debate no afecta solo a escaños: incide en el marco democrático que definirá la próxima década.