Recién acabado el partido, al filo de la media noche dan ganas de decir que vivimos un momento que podría marcar un antes y un después en una temporada tan complicada, sobre todo en Liga, para el conjunto de Ernesto Valverde. Pero tengo que reconocer que este año ya lo hemos dicho otras veces.
El Athletic se encontró con un Valencia que hasta le puso la alfombra roja con el primer autogol y solo lanzó a los tres palos de la meta defendida por Dimitrievski en una ocasión durante la primera hora de juego. Triste y con pocas esperanzas.
El gol de la victoria en el suspiro final gracias a la conexión de los dos hermanos Williams, que fabricaron ese momento mágico con la diana de Iñaki a servicio de Nico, fue de esos en los que el conjunto rojiblanco nos muestra que sabe ser el menos malo de un partido pobrísimo de juego y, guste o no, ello fue determinante para que se metiera en las semifinales de la Copa, un chute de alegría que nos anima a decir: la Copa reanima.
El Athletic se encontró con un Valencia que hasta le puso la alfombra roja con el primer autogol y solo lanzó a los tres palos de la meta defendida por Dimitrievski en una ocasión durante la primera hora de juego. Triste y con pocas esperanzas.
El gol de la victoria en el suspiro final gracias a la conexión de los dos hermanos Williams, que fabricaron ese momento mágico con la diana de Iñaki a servicio de Nico, fue de esos en los que el conjunto rojiblanco nos muestra que sabe ser el menos malo de un partido pobrísimo de juego y, guste o no, ello fue determinante para que se metiera en las semifinales de la Copa, un chute de alegría que nos anima a decir: la Copa reanima.