Cuando se cumplen 450 años de la publicación del "Discurso Sobre la Servidumbre Voluntaria", de Étienne de La Boétie, el escritor y analista en política internacional Antonio R. Rubio Plo lamenta que hoy existe "una cierta fascinación por la fuerza y hay quienes aceptan una sumisión voluntaria en nombre de principios «morales» o «salvadores»"..
Tanto en la política interior como en la exterior hoy asistimos al espectáculo de electores, ciudadanos y gobernantes que se rinden ante los poderosos. La libertad, rasgo definitorio del hombre, es marginada por una servidumbre voluntaria.
En esa actitud influye el miedo, que oscurece la razón, aunque tampoco hay que olvidar la connivencia mezquina con unas tiranías de las que se espera sacar ventajas personales a corto plazo.
La servidumbre voluntaria no deja de ser un ejercicio de alienación. En cualquier época un régimen tiránico busca dominar al pueblo. Sería lógico suponer que ese pueblo no aceptará esa dominación y se sublevará aun a costa de que su rebelión fracase.
El discurso nos recuerda que para ser libre no es suficiente con rebelarse y salir a las calles. Lo primordial, según Le Boétie, es no aceptar la mentira —o la posverdad de nuestra época— y querer dejar de estar sometido. No hace falta derribar las estatuas del tirano. Si crece el número de los que no le apoyan, el poder se quebrará por la base y caerá bajo su propio peso.
En esa actitud influye el miedo, que oscurece la razón, aunque tampoco hay que olvidar la connivencia mezquina con unas tiranías de las que se espera sacar ventajas personales a corto plazo.
La servidumbre voluntaria no deja de ser un ejercicio de alienación. En cualquier época un régimen tiránico busca dominar al pueblo. Sería lógico suponer que ese pueblo no aceptará esa dominación y se sublevará aun a costa de que su rebelión fracase.
El discurso nos recuerda que para ser libre no es suficiente con rebelarse y salir a las calles. Lo primordial, según Le Boétie, es no aceptar la mentira —o la posverdad de nuestra época— y querer dejar de estar sometido. No hace falta derribar las estatuas del tirano. Si crece el número de los que no le apoyan, el poder se quebrará por la base y caerá bajo su propio peso.