. Sí, lo digo: tengo bastante más en común con Yolanda Díaz, Oskar Matute o Gabriel Rufián que con Abascal, Ayuso o Feijóo.
Dedicado a Felipe Gonzalez.

lunes, 16 de febrero de 2026

La "preferencia europea" realista
y circunscrita a sectores determinados
y la Europa a varias velocidades.

Ocurrió la semana pasada y creo que ha pasado bastante desapercibido por la prensa y la ciudadanía. La Unión Europea lleva años intentando encontrar una respuesta a su pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China.
La invasión rusa de Ucrania, y más recientemente, la política arancelaria de Donald Trump y su exigencia de que el continente se haga cargo de su propia defensa han hecho despertar a los Veintisiete de cierta complacencia histórica sin que todavía hayan encontrado una respuesta clara al desafío.

Los líderes de la Unión vienen defendiendo desde la pandemia la necesidad de autonomía estratégica del continente a la que ahora se suma el debate de si 
la UE puede permitirse seguir siendo un mercado abierto en un mundo cada vez más proteccionista.
Pero 
la UE no es EE UU ni China, sino una unión de 27 países con intereses divergentes, capacidades industriales asimétricas y dependencias comerciales heterogéneas.

Las economías más pequeñas temen no ser capaces de competir en ese entorno. Si 
la apuesta por el producto europeo acaba derivando en una defensa del producto nacional herirá de muerte la esencia misma del mercado único.
La preferencia europea tiene que ser abordada desde el realismo y circunscrita a sectores estratégicos y productos críticos, donde exista dependencia de alto riesgo. De lo contrario, la política de alianzas comerciales, como los acuerdos con Mercosur o la India que la UE viene impulsando en los últimos tiempos, puede caer en saco roto.

Por último y no menos importante, Ursula von der Leyen, se ha comprometido a presentar en marzo un plan para crear una Europa a varias velocidades (por equipos, en la jerga comunitaria) para sortear los vetos nacionales a la integración. En el actual contexto, parece evidente que esta es una apuesta imprescindible para la propia supervivencia de la Unión y para avanzar en la aspiración de ser una verdadera potencia global.