Dos puntos claves a tener en cuenta hoy en día: cada vez hay más españolas de origen musulmán y, actualmente, un católico puede llevar a sus hijos a una escuela del Opus Dei, una secta que impone la sumisión pero un musulmán no puede llevarlos, en cambio, a una de los Hermanos Musulmanes.
Como estoy a favor de la escuela pública, me gustaría que no hubiera ni privadas ni concertadas y ello con independencia de su filiación religiosa:
no las quiero ni católicas ni musulmanas ni ateas.
Simplemente LAICAS.
Entonces, ¿qué es o qué debe ser la escuela pública?
¿Tiene cabida en ella el signo indumentario individual de una cultura específica?
En mi opinión, mejor que no, y yo no defendería el uso coyuntural del velo en nombre de la libertad religiosa sino en nombre del laicismo y del derecho a la educación, que es el derecho a la rebelión y a la transformación personal.
España no debería permitir que nadie escapase a la escuela pública, ni ricos ni pobres, ni católicos ni musulmanes, ni veladas ni des-veladas. Es allí donde se vuelven a barajar las cartas que se querrían ya decididas para siempre en el hogar familiar.
Me identifico poco con los los islamistas y católicos radicales y mucho, por formación e instinto, con esa tradición ilustrada que, por ejemplo, llevaba al poeta iraquí
a escribir ya en 1931 un poema titulado Velar y des-velar: “¿Cómo va a civilizarse un pueblo/ si una mitad está escondida de la otra?”.
Como estoy a favor de la escuela pública, me gustaría que no hubiera ni privadas ni concertadas y ello con independencia de su filiación religiosa:
no las quiero ni católicas ni musulmanas ni ateas.
Simplemente LAICAS.
Entonces, ¿qué es o qué debe ser la escuela pública?
¿Tiene cabida en ella el signo indumentario individual de una cultura específica?
En mi opinión, mejor que no, y yo no defendería el uso coyuntural del velo en nombre de la libertad religiosa sino en nombre del laicismo y del derecho a la educación, que es el derecho a la rebelión y a la transformación personal.
España no debería permitir que nadie escapase a la escuela pública, ni ricos ni pobres, ni católicos ni musulmanes, ni veladas ni des-veladas. Es allí donde se vuelven a barajar las cartas que se querrían ya decididas para siempre en el hogar familiar.
Me identifico poco con los los islamistas y católicos radicales y mucho, por formación e instinto, con esa tradición ilustrada que, por ejemplo, llevaba al poeta iraquí
a escribir ya en 1931 un poema titulado Velar y des-velar: “¿Cómo va a civilizarse un pueblo/ si una mitad está escondida de la otra?”.