Hoy ha amenazado con venir a Bilbao el impresentable Vito.
Resulta kafkiano que la vida de toda una capital pueda verse alterada por la presencia en ella de una sola persona,
de un provocador profesional, sí, pero una única persona.
Una lástima que no se haya permitido que él solo haga el ridículo.
Una pena que los violentos de este país, le entren al trapo a este fascista y caigan en su juego.
Esta violencia solo beneficia a la extrema derecha del PP/VOX

viernes, 9 de diciembre de 2016

Cuando las urnas no sirven para decidir y se usan para castigar

Después de años en que lo votado no ha servido para gran cosa y lo importante no se ha votado, normal que cuando te invitan a otra "fiesta de la democracia" vayas en plan destroyer. 

Vaya con la "fiesta de la democracia", qué resacones deja en Europa últimamente. Cada vez que se abren las urnas, los gobernantes contienen la respiración y preparan tiritas y analgésicos para el día siguiente. Da igual que sea un referéndum sobre Europa o una reforma constitucional, unas elecciones municipales o en un land alemán: ahí llegan los ciudadanos con la papeleta entre los dientes.

Pero en todos los casos se oyen los mismos lamentos en la noche electoral: voto del malestar, populismo, antisistema, rechazo a Europa y la globalización, contra el establishment… Otra fiesta de la democracia que termina con la discoteca destrozada.

El problema europeo no es solo el euro, la deuda, la soberanía, la pérdida de derechos, la desigualdad o el deterioro de las condiciones de vida. La crisis europea es también, y sobre todo, una crisis de la democracia: en la última década las urnas no han servido para gran cosa.

Cuando hemos elegido un gobierno, este incumplió sus promesas nada más llegar. Y cuando las cumplió, acabó acorralado por "los mercados", obligado a rectificar o directamente derribado. También hemos visto gobiernos que nadie votó (en Italia el último primer ministro elegido en urnas fue ¡Berlusconi!), tecnócratas respaldados por Bruselas. 
Tampoco nos llamaron a las urnas para las grandes decisiones de los últimos años, ni europeas ni nacionales: rescates bancarios, reformas estructurales, recortes, cesiones de soberanía, cambios constitucionales (nuestro agosteño artículo 135)… Ninguno de esos cambios fundamentales mereció una fiesta de la democracia.
Después de años en que lo votado no ha servido para gran cosa y lo importante no se ha votado, normal que cuando te inviten a otra fiesta vayas en plan destroyer. Si mi voto no sirve para decidir, por lo menos servirá de castigo.

La democracia se ha convertido en un deporte de riesgo por falta de ejercicio. Si votásemos más a menudo, y sobre todo si nuestro voto tuviese consecuencias, no necesitaríamos usar el voto como pedrada, y podríamos discutir en serio y a fondo el Brexit, la reforma constitucional o las propuestas de unos y otros en elecciones municipales, regionales o estatales.


Si el voto sirviese, sería solo eso, un voto, nada más y nada menos, y no un corte de mangas.