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sábado, 28 de enero de 2017

El político más superficial, infantil y peligroso que hemos visto en toda la historia, al mando del país más poderoso del mundo.

El problema de la primera semana de Trump en la Casa Blanca es que ha demostrado que las infinitas estupideces que dijo durante la campaña eran estupideces que estaba dispuesto a hacer de verdad, y que además, es tan imbécil como para hacerlas en modo “mi honra está en juego, y de aquí no me muevo”. Ese es el problema. 

Es tan malo, que si no estuviese pasando de verdad, pensaría que es una película… Realmente, lo importante es eso, que es un imbécil. De esos imbéciles que imponen una tasa arancelaria porque así legitima con una estupidez la estupidez anterior que dijo en un mitin, y las consecuencias le traen completamente sin cuidado. 

Que construye un muro porque dijo que lo iba a hacer, aunque en realidad ya hubiese un muro y ampliarlo no resuelva absolutamente nada. Lo importante es el símbolo, la parafernalia, la demostración de poder, el gesto mediático, el detalle folclórico. 

El político más superficial, infantil y peligroso que hemos visto en toda la historia, al mando del país más poderoso del mundo. Un país con mucho que perder

Pero es que, además de ser un imbécil, es un imbécil corrupto, que se niega a cumplir con el trámite de publicar sus declaraciones de impuestos, que nada más llegar al despacho oval ordena descongelar la construcción de un oleoducto en el que tiene intereses económicos, y que mantiene una infinita lista de conflictos de intereses actuales o potenciales. No, no hay nada bueno que pueda salir de todo esto.