Y no es un tema de censura, es un tema de respeto a las víctimas.
No solo no han suspendido sus agendas un día como hoy,
sino que además Santiago Abascal ha aprovechado el accidente
para cargar contra el Gobierno una vez más.
Su cutrez y su falta de empatía es repugnante.
Me cuesta creer que una organización que se muestra tan
racista, xenófobo, autoritario, franquista, insolidaria,
antipática, malhumorada y nada cooperativa,
no solo resulta inútil y despreciable,
dudo que se le pueda considerar demócrata,
y por lo tanto una fuerza política legal.