El verdadero paso hacia la salud es recordar que
la buena vida es un fuego compartido en el que todos nos podemos calentar.

sábado, 8 de agosto de 2026

Sabemos bastante de polvos y lodos ... políticos.
Si no se limpia bien, pasa lo que pasa.

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Es evidente, y estos casos lo corroboran, que decisiones, actuaciones o dejaciones de otros tiempos son la causa directa de circunstancias perniciosas actuales. Quede claro de que No se trata de que los nacionalistas más radicales se vean forzados a usar los símbolos que odian, sino de que quieran impedir las expresiones públicas de los que desean utilizarlos.
estas últimas semanas se repiten las agresiones de la izquierda abertzale a símbolos que no les gustan. Han combatido que en el País Vasco se lleven camisetas de la Selección española, las txoznas de Barakaldo anunciaron que no atenderían a quienes las vistieran. Más de una pancarta llamó «enemigos del pueblo» a jugadores vascos de la Selección española: «Oyarzabal, Merino, Unai, Niko, Zubimendi. Herriaren Etsaiak». Por su confección, no parecían fruto de una mala noche, sino alarde meditado. Las autoridades no corrieron a quitarlas.
Los lodos de los últimos tiempos son más (referidos al uso cuasi coactivo del euskera o a la proliferación de simbología batasuna de apoyo a terroristas), pero sirven los ejemplos anteriores para describir el lodazal en el que estamos chapoteando.
Por supuesto, no se discute el derecho de los nacionalistas, o quien quiera, a no usar la simbología asociada a España, ni plantea ningún problema que no vean los partidos de la selección y que alardeen de ello; tampoco su reivindicación pública de una selección vasca o el apoyo a los equipos que se enfrentaron a España. Allá cada cual. Están en su derecho.
El problema radica en la presión contra quienes quieren usar los símbolos de la selección, ver los partidos.
Dejan claro que sobrevive una noción unidimensional de los vascos de rasgos totalitarios. Quieren imponer su visión identitaria. Que esto no sea un país plural, en el que cada uno pueda expresar sus inclinaciones, sino que sea monolítico, pétreo, persiguiendo la simbología española entre quienes quieren utilizarla. No se trata de que los nacionalistas se vean forzados a usar los símbolos que odian, sino de que quieran impedir las expresiones públicas de quienes desean utilizarlos.
Mención aparte reciben «las ventanillas para pedir en castellano» en las txoznas, de obvia intención discriminatoria, que usan de forma incalificable (¿y consentida?) el espacio público.
Me enfurece la izquierda abertzale cuando difunde una noción totalitaria del País Vasco; Pero me enfurece más aun la aquiescencia de gran parte del nacionalismo moderado que, como dice compartir nociones identitarias mira para otro lado pese a los comportamientos parafascistas de algunos !radicales".
Es difícil acabar con el fascismo; imposible si no se intenta.