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domingo, 8 de mayo de 2016

«La mejor prueba de que en Estados Unidos cualquiera puede llegar a ser presidente la tenemos en su presidente»

Creo recordar que se refería a Reagan, pero bueno, Donald Trump podría ser el Reagan del siglo XXI. Supongo que a él no le molestará la comparación. ¿Qué sabemos del ya prácticamente seguro candidato del partido republicano a la presidencia de EE UU? Sabemos que cumplirá setenta años el mes que viene, sabemos que le importa mucho el aspecto de su deslumbrante pelambrera y que se la tiñe con fruición obsesiva, y sabemos que posee una fortuna personal (según la revista ‘Forbes’) de más de cuatro mil millones de dólares. 

Además de todo lo que nos trasmite su desinhibida gestualidad y su marcado estilo personal (hace apenas un par de meses, la prestigiosa revista ‘Time’ le calificó en su portada de matón, embaucador, demagogo y aguafiestas), no hay más que echar un vistazo a algunas de sus soflamas políticas o analizar sus promesas electorales para poder asegurar sin rodeos que se trata de un racista provocador y furibundo fanático con aspavientos de payaso. 

En cualquier caso, el hecho de que haya llegado tan alto un individuo capaz de propugnar la expulsión de refugiados, la construcción de un muro en la frontera con México, el uso de la tortura en los interrogatorios o la denegación del visado de entrada a todos los musulmanes, es un síntoma más que preocupante. Y me temo que dice mucho de una sociedad a la que quizá no conozcamos tan bien como creemos.
Chivite, ayer, en El Correo