Este texto existencialista avant la lettre, conciso, tan puro como la belleza que le ataba a la vida, nació con el título de El pesimismo alegre.
Henri Roorda no era un ser enfermo, desesperado o embargado por una pasión imposible. Había sido un dandy, un degustador de “los alimentos terrestres”, un hombre sensual que gozaba con los placeres mundanos.
El principal interés de este montaje, que, en conjunto resulta bastante atractivo, reside en el gran valor del texto sobre el que se apoya; y, como no podía ser de otro modo, en el arte del actor que lo interpreta.
Mario Gas realiza un brillante papel, que hace vivo al autor que anunció su muerte con esta obra. No se pierdan el trabajo sobre el escenario de una de las figuras más importantes del teatro español contemporáneo, y la oportunidad de conocer uno de los escritos más sugerentes del pasado siglo, cuya validez aún resuena con fuerza cien años después.
