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La idea conductora de la propuesta es recuperar el protagonismo del edificio de 1945, restableciendo su entrada original. Sobre las instalaciones existentes se proyecta un espacio de dimensiones únicas que, de forma respetuosa, asienta sobre los edificios de 1945 y 1970, dotando al museo de 2.000 m2 de nuevas galerías en una única planta diáfana y flexible. Una galería óptima para cualquier comisario de arte, pero del arte que incorpora hablaremos otro día.
La nueva intervención convierte la Plaza Arriaga en el nuevo corazón del eje vertebrador del museo, bañado por la luz del óculo que atraviesa la nueva galería, y se unificarán todas las cotas de la planta baja para dotar al museo de un plano accesible y de fácil orientación.

