
Nos habíamos ilusionado muchas personas que llevamos tiempo esperando que la izquierda de este país sea capaz de entenderse, de dejar a un lado sus egos, sus siglas y sus parcelas de poder para construir una alternativa que nos devuelva la esperanza.
Y tú parecías entenderlo. Tú hablabas de escudos sociales, de derechos, de la gente trabajadora, de quienes siempre terminamos pagando las consecuencias de las decisiones de otros. Por eso muchos te escuchábamos, te creíamos y nos subimos contigo a ese tren que parecía llevarnos hacia un destino diferente.
¿Y ahora qué, Gabriel? ¿Dónde dejas a mucha gente?
¿De verdad todo ese camino termina en Esquerra?
¿Qué pasa con quienes vieron en tu propuesta de un Frente Amplio
una posibilidad de unir a la izquierda más allá de las siglas?
¿Qué pasa con quienes necesitan una señal de esperanza?
Pero todavía queda ciudadanía que quiere creer
que esta vez sí podría ser diferente.