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Maricarmen Abascal nunca debió pensar que al final de su vida acabaría desatando un seísmo social y político. Nunca pudo imaginar que se transformaría en el símbolo de un descontento que llevaba tiempo gestándose en España, el símbolo de la corriente de solidaridad y empatía en una sociedad que parecía apática y desinteresada ante la posibilidad de cambiar las cosas.
Sin Maricarmen y la derrota de estos decretos en el Congreso, probablemente no se habrían adelantado las elecciones al 29 de noviembre. Y sin ella, es difícil imaginar que este mismo miércoles, unas horas antes de su fallecimiento, se hubiese convocado para el 11 del próximo mes una huelga general.
El mayor homenaje que a partir de hoy se le podría hacer sería que de una vez se abordase esta crisis con medidas ambiciosas y efectivas.
El 29-N tendremos una oportunidad para hacerlo.
Sin Maricarmen y la derrota de estos decretos en el Congreso, probablemente no se habrían adelantado las elecciones al 29 de noviembre. Y sin ella, es difícil imaginar que este mismo miércoles, unas horas antes de su fallecimiento, se hubiese convocado para el 11 del próximo mes una huelga general.
El mayor homenaje que a partir de hoy se le podría hacer sería que de una vez se abordase esta crisis con medidas ambiciosas y efectivas.
El 29-N tendremos una oportunidad para hacerlo.
