![]() |
| eldiario.es/opinion/alberto-garzon |
La mayoría de los partidos que forman la izquierda comparten el 90% del programa político, de modo que si, como decía Julio Anguita, nos atenemos a tal criterio, el acuerdo debería ser relativamente fácil. Y si esto en la práctica no es así es porque intervienen otros factores; factores que hacen mucho más complejo lo aparentemente fácil.
El principal factor de distorsión, aunque parezca una perogrullada, es que la política la hacen las personas. E incluso cuando nos juntamos con gente que, como nosotros, quiere cambiar el mundo, e incluso cuando compartimos casi toda la cosmovisión y los planes de futuro, de un modo u otro al final acaban emergiendo diferencias aparentemente insalvables.
Tan rápido como la política se convirtió en un atractivo y una esperanza para decenas de miles de personas, y atrajo a la primera línea a muchas de las mejores mentes de este país, pronto se convirtió también en una máquina de moler humanos que fue malogrando y expulsando a toda esa materia prima y su frescura original.
En estos días en los que circulan muchos rumores sobre cómo articular una candidatura del Frente Amplio, no es fácil encontrar a alguien con una idea genial pero sí es sencillísimo encontrar a miles de personas con críticas destructivas ante cualquier posibilidad: ese o esa sería el peor candidato del mundo y no votaré si tal cosa se aprueba; aquel dijo tal cosa hace cien años y para mí eso es una línea roja; ese otro es aún peor porque es un pusilánime o, peor, un traidor porque no insultó lo suficiente a los malos; pero este de aquí es casi peor, porque no es de mi partido; etc.
Muchos nos preguntamos qué hacer cuando tus cartas son tan escasas y los bárbaros están a las puertas.
La unidad parece una respuesta evidente.
En estos días en los que circulan muchos rumores sobre cómo articular una candidatura del Frente Amplio, no es fácil encontrar a alguien con una idea genial pero sí es sencillísimo encontrar a miles de personas con críticas destructivas ante cualquier posibilidad: ese o esa sería el peor candidato del mundo y no votaré si tal cosa se aprueba; aquel dijo tal cosa hace cien años y para mí eso es una línea roja; ese otro es aún peor porque es un pusilánime o, peor, un traidor porque no insultó lo suficiente a los malos; pero este de aquí es casi peor, porque no es de mi partido; etc.
Muchos nos preguntamos qué hacer cuando tus cartas son tan escasas y los bárbaros están a las puertas.
La unidad parece una respuesta evidente.
