Lo que ha ocurrido en la izquierda "alternativa" puede tener consecuencias muy duras para el progreso en este país,
y la evidencia acerca de quienes han hecho imposible la unidad, espero que se lleve por delante
a quienes presumen de mayor ‘pureza revolucionaria’.

jueves, 1 de octubre de 2026

1-Hoy en el Teatro Arriaga: LA VIDA EXTRAORDINARIA
de Mariano Tenconi Blanco

"Siempre odié el simulacro de una misma. Sin embargo, aquí estoy. Haciendo el drama del yo". Así comienza 'La vida extraordinaria' del dramaturgo Mario Tenconi Blanco (Buenos Aires, 1982), un texto que escribió hace ya diez años.
Malena Alterio y Carmen Ruiz encarnan a dos amigas, con unas vidas ordinarias. Dos vidas normales. Sin grandes premios, historias trágicas, aventuras inolvidables.
Aurora y Blanca son amigas toda la vida. Ambas son de un pequeño pueblo. Aurora es docente, se muda a Madrid, se casa, tiene un hijo, un marido. Y escribe poesía. Blanca es modista, vive con su madre, tiene un novio, se queda en el pueblo. Y también escribe poesía. Dos vidas ordinarias. La amistad y la literatura como la aparición de lo extraordinario. 
Explicar el origen de la vida en la tierra es muy difícil. Algunos creen que fue en el agua. Que el proceso pudo haber llevado millones y millones de años. Pero que la vida estaba químicamente destinada a ser. Otros creen en el origen extraterrestre de la vida. Un meteorito que trajo sustancias que no había en la tierra. Algunos hasta creen que la vida fue sembrada en la tierra por alienígenas inteligentes. Y otros creen en Dios. Sea lo que sea que haya iniciado la vida, es el hecho más extraordinario de la biología. Quizás el hecho más extraordinario que conocemos. Sucedió una vez. Y desde esa vez, ya no dejó de suceder jamás. Genética. Y evolución. Y tiempo. La vida es un milagro. La vida extraordinaria pretende contar ese milagro.
Pasan volando las dos horas que dura el espectáculo.  La vida extraordinaria, de Mariano Tenconi Blanco, no es una obra al uso; es, más bien, una experiencia de inmersión en la palabra, en la memoria y en esa extraña épica de lo cotidiano que rara vez encuentra su lugar en las tablas con semejante ambición.
Tenconi construye un artefacto dramatúrgico que se aleja deliberadamente de la estructura convencional. Aquí no hay planteamiento, nudo y desenlace en sentido clásico, sino una sucesión de materiales —cartas, diarios, poemas, recuerdos, diálogos con el público — que se entrelazan en escena como si estuviéramos leyendo una novela fragmentada en tiempo real.
Los diálogos no son tales. Son pensamientos de las dos actrices que se dirigen al público Y ese pensamiento se despliega en capas, en digresiones, en asociaciones que a veces parecen desviarse del camino principal para, en realidad, ampliarlo.
Hay momentos en los que la escena se convierte casi en un recital literario y muy muy divertido, pero nunca pierde su condición teatral.
La sensación es la de asistir a algo vivo, en constante mutación, donde cada función podría ser ligeramente distinta según el ritmo interno que encuentren sus intérpretes.