Vizcaya, 1930, en los últimos días de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Un duro temporal hace encallar un barco inglés con toneladas de carbón en su interior. Durante la noche, los vecinos de Algorta se agolpan en la costa para rescatar el oro negro. Sabas Jauregui lo ve como un golpe de suerte; Josefa, su esposa, como un mal presagio. Sin atender sus ruegos, Sabas arrastra a sus hijos hacia la violenta tormenta. La familia hará lo impensable por proteger el carbón que podría salvarles del invierno... o condenarles para siempre.
Las novelas que más allá de su narrativa y de su relato han ido adquiriendo la consideración de míticas, ya sea por sus aires de tragedia griega o porque han acabado definiendo una institución, un tiempo y un lugar concretos, suelen tener difíciles adaptaciones cinematográficas. Desde que obtuviera el premio Nadal en 1960, Las ciegas hormigas, novela de debut de Ramiro Pinilla, la obra que le cambió la vida a su escritor.
Pero al cine no se le suelen dar bien los mitos; pensemos también en Cien años de soledad y en el José Arcadio Buendía de Macondo, al que algunos especialistas también han comparado con el Sabas Jauregui de Las ciegas hormigas de Pinilla.
Las ciegas hormigas, filmada en euskera casi en su totalidad, no pasa de superficial representación de un mito quizá irrepresentable, porque trasciende al relato en sí, y la película del director vasco es apenas eso: relato plúmbeo sin densidad en sus temas y subtextos.
Las novelas que más allá de su narrativa y de su relato han ido adquiriendo la consideración de míticas, ya sea por sus aires de tragedia griega o porque han acabado definiendo una institución, un tiempo y un lugar concretos, suelen tener difíciles adaptaciones cinematográficas. Desde que obtuviera el premio Nadal en 1960, Las ciegas hormigas, novela de debut de Ramiro Pinilla, la obra que le cambió la vida a su escritor.
Pero al cine no se le suelen dar bien los mitos; pensemos también en Cien años de soledad y en el José Arcadio Buendía de Macondo, al que algunos especialistas también han comparado con el Sabas Jauregui de Las ciegas hormigas de Pinilla.
Las ciegas hormigas, filmada en euskera casi en su totalidad, no pasa de superficial representación de un mito quizá irrepresentable, porque trasciende al relato en sí, y la película del director vasco es apenas eso: relato plúmbeo sin densidad en sus temas y subtextos.
