La presidenta del PP extremeño,
María Guardiola. EFE/ Jero Morales
eldiario.es/opinion/zona-critica/racismoAhora que la extrema derecha es desbancada del poder en Hungría con efecto dominó, y cuando el motor trumpista se demuestra tóxico para la ultraderecha europea, Vox decide hacer una exhibición de fuerza que el PP le compra con profesión explícita de fe ultra.Con todo lo que le hemos oído a María Guardiola en Extremadura hablando de la ultraderecha, con todo lo que le dijeron sus entonces potenciales socios de Vox tan humillante, que salga a contar que “ha ganado la democracia” con ese pacto de gobierno lleno de cesiones, cuando menos, reconozcamos que es esperpéntico.
El espíritu racista, clasista, de supremacismos varios, fascista en definitiva, existe, pero se entiende mal su inoportunidad política cuando la tendencia se revuelve ya contra la impronta marcada por Trump y su séquito. Estos ya le piden hasta explicaciones teológicas al Papa que le niegas el plácet a sus guerras ilegales. Debe ser esa desesperación que refleja Feijóo en cada intervención pública por no tener la presidencia del gobierno que soñó en la Moncloa. Un gesto continuamente crispado que expulsa odio por cara poro de la cara.