sábado, 17 de septiembre de 2011

El cartero siempre llama dos veces

Durante la Gran Depresión en Estados Unidos, una mujer y su amante planearon asesinar al marido de ella, un hombre de mucha más edad, para quedarse con sus propiedades. 

Aunque fallaron en el primer intento, finalmente lo consiguieron simulando un accidente de tráfico, pero el caso despertó las sospechas de la justicia y ella, unafemme fatale, fue juzgada por asesinato. 

El fiscal consiguió que los amantes se enfrenten, pero la maniobra no fue suficiente y el jurado la absolvió. 

La paradoja se completó con la muerte de ella en —este sí— accidente de tráfico y la condena del amante como autor de asesinato por lo que solo había sido un accidente. 

En esta ocasión el era inocente, pero ... a la mayoría de la audiencia de la película le pareció bien que la misma acabase con el "malo" en la cárcel, aunque en esta ocasión puntual, si hubiese habido quien saliese a la calle en su defensa hubiese tenido parcialmente razón.

¿Os suena la película? Esta fin de semana en Euskadi su argumento será recordado, con situaciones más cercanas y más "políticas", pero ... , de momento, hasta aquí "voy a escribir". 

Feliz Finde a quien quiera y pueda disfrutarlo.

3 comentarios:

Enrique dijo...

Históricamente, la Justicia no siempre ha conseguido tener entre rejas a los que se lo merecían por los actos más graves cometidos y ha tenido que encerrarlos por temas mucho mas leves e irrelevantes. ¿Recordáis el caso de "Al Capone"?

Carlos Gorostiza dijo...

Dicen que en democracia las formas son el fondo. Yo también lo creo. Pero en la Administración de Justicia las formas y los procedimientos son completamente ineludibles. Que exista una norma y los jueces deban aplicarla sin salirse de ella pero sin poder ignorarla es lo que hace legítima a una justicia democrática. Las únicas alternativas diferentes a ella son el juicio de Dios o la ley de Lynch. Tu relato habla de una justicia divina pero ilegal. Una salida tan tranquilizadora a corto como peligrosa a largo.

Edurne dijo...

Estoy de acuerdo con los tres.