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martes, 23 de mayo de 2017

Al despertar los dinosaurios ya no estaban allí

Lo más costoso de la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE es el recuento de los perdedores. 
Ha perdido el socialismo rociero de Susana Díaz y sus ‘verúnicas’ autoridades, 
ha perdido la ridícula aristocracia de provincias de los baroncitos, 
han perdido los jarrones chinos, a los que habrá que confinar de inmediato en el museo de la porcelana tras siete vitrinas, 
ha perdido el hernandismo y con él todos los mercenarios de la alta costura andaluza, 
ha perdido la prensa del régimen que un día fue independiente y de la mañana, 
ha perdido Rajoy, que ya no tiene claro eso de acabar la legislatura, 
ha perdido el señor del Ibex, donde quiera que esté el caballero, 
y ha perdido, en definitiva, esa estructura clientelar de carguito y pistola en el pecho que siempre ha despreciado los vientos en los que bebía la militancia por temor a despeinarse. 
Lejos de ser huérfana, la derrota de ayer tiene una familia numerosa.

Pocos confiaban en que Lázaro se levantara y anduviera, y menos aún en que ganara una batalla contra la guardia mora de la sultana después de muerto y a lomos de un Peugeot por falta de babiecas.

Haría mal Sánchez en creerse la milonga de la integración porque de nada sirve comprar la paz si el precio es impagable.