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Según el Artículo XIII del Tratado del Atlántico Norte, un país puede solicitar su salida, que sería efectiva al cabo de un año. En teoría, Trump no puede abandonar la OTAN sin una votación por mayoría simple en la Cámara de Representantes y cualificada de tres cuartos en el Senado. En la práctica, gobierna como si el Congreso no existiese. Por lo tanto, si mañana mismo anuncia que se larga de la OTAN, se acabó en el acto, sin un año de preaviso ni votación parlamentaria, según marca la ley.









