¿Por qué se oculta información y no se publican con suficiente transparencia los datos relacionados con la evolución del uso del euskara?
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Leonor, candidata única a la Jefatura del Estado
por imperativo legal y la utilidad real de su formación
en una democracia plurinacional del siglo XXI.

Iker Bermejo Ereño, esta semana, y con el altevoz de Iñali Anasagasti, opinaba sobre el vuelo de  Leonor Borbón de ésta manera, que hago mía:

Que la heredera de la Corona reciba instrucción militar, incluido el pilotaje, es coherente con el marco constitucional vigente y con la tradición de la monarquía española. Nadie discute eso. La pregunta relevante no es si puede hacerlo, sino si esa formación es suficiente, prioritaria o representativa de la función que se le asigna.
Porque una cosa es conocer técnicamente el funcionamiento de las Fuerzas Armadas, lo cual es razonable, y otra muy distinta construir una figura simbólica cuya preparación parece orientada casi exclusivamente al eje militar, mientras se descuidan competencias esenciales para la representación política y social del Estado.
En un país con pluralidad lingüística reconocida constitucionalmente, el conocimiento y uso de los idiomas cooficiales no es un gesto identitario ni ideológico, sino una herramienta institucional de cohesión, respeto y legitimidad. No se trata de folklore ni de corrección política, sino de funcionalidad democrática.
La pregunta que se formula, con la incomodidad que genera toda buena pregunta, es pertinente: ¿qué aporta más a la estabilidad y representatividad del Estado hoy, saber pilotar un avión de entrenamiento avanzado o poder dirigirse directamente a la ciudadanía en sus lenguas propias sin intermediarios?
La impertinencia, cuando es argumentada y razonada, no es falta de respeto: es una forma de fiscalización cívica. Y la monarquía, si aspira a ser útil y ejemplar, no puede quedar al margen de ese escrutinio.
Formar a una futura jefa del Estado exclusivamente desde la lógica del artículo 8 de la Constitución, sin equilibrarlo con una preparación cultural, lingüística y social acorde a la realidad del país, no fortalece la institución: la estrecha.
En definitiva, el debate no es contra la formación militar, sino a favor de una formación completa, moderna y coherente con el Estado que se dice representar. Y plantearlo no es deslealtad; es responsabilidad democrática !!