Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

miércoles, 21 de mayo de 2025

Como siempre, las canciones eran lo de menos.
Lo que se votaba era la autorización popular
a un genocidio


No es que el festival de Eurovisión tenga mucho que ver con la música, menos aún con el buen gusto, pero en los últimos años se ha convertido en una especie de termómetro con el que medir la indiferencia ante la barbarie y la desvergüenza criminal del sionismo.
Sin embargo, en esta última edición, más que la indiferencia, se buscaba el aplauso, el entusiasmo ante el trabajo de los verdugos. Los cuales no dejaron de trabajar incluso al compás de las diferentes horteradas: lanzando drones, arrasando campamentos de refugiados y
 quemando gente viva. Para el caso, bien podía haber salido a escena Netanyahu berreando una canción que hablara de asesinar niños, secundado por una coreografía aderezada con tanques, sangre y cráneos humanos.  
Como siempre, las canciones eran lo de menos: lo que se votaba era la autorización popular a un genocidio, el visto bueno a una masacre que está sucediendo ante nuestros propios ojos.