¿Por qué se oculta información y no se publican con suficiente transparencia los datos relacionados con la evolución del uso del euskara?
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.

martes, 16 de septiembre de 2014

Política y metapolítica

Hemos asistido estos dos últimos años a una serie ininterrumpida de debates y discusiones en los que los intervinientes no han podido llegar nunca a entenderse. No ya porque el objeto sobre el que cada uno disertaba –la unión o la secesión– fuera incompatible con el del otro, sino porque los lenguajes que ambos empleaban discurrían en paralelo y jamás se encontraban. 
Lo más que cada interlocutor ha logrado tras profusos razonamientos es hacerse entender por los suyos, blindando así aún más su propia postura frente a la del otro.

Uno de los lenguajes, el de la política convencional, debe basarse en las reglas que rigen el Estado de Derecho moderno y encontrar en los conceptos de ciudadanía, pluralismo ideológico, diálogo, negociación e imperio de la ley su funcionalidad y su misma fuente de legitimación. 
El otro, el de lo que me he permitido llamar metapolítica, trata de basar, en cambio, su legitimidad y capacidad persuasiva en conceptos como Pueblo, Nación, Historia e Identidad lingüístico-cultural –todos ellos en mayúscula–, así como en los derechos que de ellos supuestamente se derivarían de modo natural y sin mediación de la ley. 

El primer lenguaje, al basarse en el pluralismo y la racionalidad, puede manejarse en los márgenes que abre la transacción y hace –o debería hacer– de la ley un instrumento subsidiario para cohonestar voluntades diversas. 
El segundo, rehén de conceptos holísticos e indivisibles como los arriba citados, así como de las emociones que en torno a ellos se suscitan y se excitan, tiende a plantear soluciones en términos de sí o no, de todo o nada, de lealtad o traición. 

En definitiva, de nosotros o ellos. Y, para colmo, ambos lenguajes reivindican para sí la verdadera democracia.