Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

viernes, 5 de noviembre de 2021

En España la animadversión hacia los partidos nacionalistas es mayoritaria

Algunos creen incluso que muy mayoritaria, en la opinión pública española.
A lo largo de las últimas décadas, primero gracias a ETA, luego a la intentona independentista catalana, se ha ahondado un foso que venía de muy lejos pero que en los años de transición había reducido un tanto su tamaño.
Los nacionalistas son el monstruo del ideario político de muchos españoles. Posiblemente bastante más que el de una ultraderecha que bebe del franquismo.

Y esa es la gran baza electoral del PP y de la derecha.
Que les viene a las manos sin hacer nada.
Les basta con agitar los crímenes del terrorismo, las víctimas del mismo, la locura catalana, o el interés egoísta del PNV, que es idéntico al de todos los demás partidos pero que sólo es culpable en su caso.
No deja de sorprender que Pablo Casado y los suyos recurran una y otra vez a argumentos tan poco sólidos como si con ellos no fuera el tiempo que pasa y los cambios que durante el mismo se producen.
Pero los sondeos denotan que su gente se los compra.
Y no sólo su gente.


Alberto Ortega - Europa Press
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