Si lanzas una campaña genocida contra Gaza, desplazas por la fuerza a su población, asesinas a decenas de miles de personas, arrasas viviendas e infraestructuras para volverlo inhabitable y después te anexionas ilegalmente todo el territorio que consideres, y nada de eso tiene consecuencias para tu país, lo normal es que te animes a ir un poco más lejos: por ejemplo, ocupar más territorio de Cisjordania, amparar la violencia de los colonos contra los palestinos y extender los asentamientos hasta hacer del todo inviable el más mínimo Estado palestino.
Si tampoco así pasa nada, das un pasito más en tu plan de ensanchar las fronteras nacionales: invades el sur del Líbano, y aplicas allí el “método Gaza” para otra vez desplazar por la fuerza a sus habitantes, asesinar a quienes se resistan, arrasar viviendas e infraestructura hasta volver la zona inhabitable, y después anexionártela.
Pues venga, otro pasito: mañana haces lo propio con el sur de Siria (desplazar, asesinar, arrasar, anexionar), y si tampoco pasa nada (y ya te digo yo que tampoco), pasado mañana haces lo mismo con otro trozo del Líbano, alguna zona de Jordania, Irak, Egipto, qué sé yo, seguir paso a paso el plan bíblico del “Gran Israel”, aprovechando que sale gratis y que tienes de tu lado a Estados Unidos hasta el infinito y más allá.
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| El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una comparecencia con la prensa extranjera el pasado 19 de marzo en su oficina en Jerusalén. EFE/EPA/RONEN ZVULUN / POOL |
