| Donald Trump con la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval. |
Se imaginan esta pregunta en una comparecencia pública entre Trump y un familiar de Osama, el líder militante saudí, fundador y primer emir general de Al Qaeda. Probablemente crearía una crisis entre paises.
Pero esta semana, Trump, medio en broma, medio en serio, como habla cuando se sabe que "juega en casa", es decir, en el Despacho Oval, le ha preguntado a la primera ministra japonesa: “¿Por qué Japón no me avisó de Pearl Harbor?". El entre risas. Ella, cuando menos, asombrada.
Ha sido para el presidente de Estados Unidos su ejemplo práctico y para ello ha bromeado con la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, en el Despacho Oval, hablando sobre la importancia de sorprender al enemigo para justificar que no alertase a nadie sobre los bombardeos en Irán.
Sin duda, comentario desagradable, inoportuno, incomodo, repulsivo, incluso vomitivo entre dos supuestos amigos por algo que ocurrió entre ellos y supuso miles y miles de muertos para ambos bandos.
Pero él es así. Y yo creo que la gente que le tiene que soportar entre las cámaras de televisión ni olvida ni persona esa forma de actuar entre prepotente, chulesca, y analfabestia, por muy líder supremo que se crea.
Pero él es así. Y yo creo que la gente que le tiene que soportar entre las cámaras de televisión ni olvida ni persona esa forma de actuar entre prepotente, chulesca, y analfabestia, por muy líder supremo que se crea.