Lo que un tipo digno dijo al cacique que le ofrecía cuatro duros por su voto en los años 30:
«En mi hambre mando yo».
Trump (pagar por voto si los republicanos conservan el Congreso en noviembre)
pretende comprar la dignidad de los más humildes’.
Ojalá le den una lección.

martes, 15 de septiembre de 2026

15-La IA: ¿ Paradita y reflexión ?


Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic)

eldiario.es/tecnologia/IA



Cuando quienes compiten por dominar una tecnología piden que se frene su desarrollo, conviene prestar atención. Pueden haber visto un peligro que los demás todavía no comprendemos. También pueden haber descubierto que unas buenas barreras protegen mejor su negocio que otra ronda de inversión. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez.

¿Se puede regular la IA? Sí. Se pueden imponer obligaciones a quienes la desarrollan y despliegan, prohibir determinados usos, investigar incidentes y exigir responsabilidades. Pretender controlar cada copia de un modelo que circula por internet es otra cosa. Confundir ambas tareas conduce a dos errores: declarar inútil cualquier regulación o prometer una seguridad imposible a cambio de entregar el sector a sus actuales líderes.

La propuesta de Amodei tiene tres niveles: evaluadores dentro de los laboratorios, coordinación entre empresas de países democráticos y acuerdos internacionales.

Estamos, por tanto, ante una propuesta de seguridad que incorpora una estrategia industrial y geopolítica que creo que a China no le va a gustar mucho. Un pacto global que excluya a China tendrá un agujero central. Sus desarrolladores participan en la expansión de modelos abiertos que otros pueden adaptar e incorporar a sus productos. Un acuerdo entre laboratorios estadounidenses no obligaría a esas empresas ni controlaría la circulación mundial de sus modelos. Tampoco un acuerdo con Pekín borraría las copias ya distribuidas, pero ampliaría sustancialmente el alcance de la prevención.

La IA se puede regular. Lo que está en disputa es el reparto del poder que producirá esa regulación. Si las reglas las diseñan quienes ya dominan el negocio, los primeros beneficiarios pueden ser OpenAI, Anthropic y los demás grandes proveedores. Si Europa confunde legislar con tener poder, ni siquiera estará en la mesa donde se cierre ese reparto. Y los ciudadanos corremos el riesgo de pagar dos veces: por utilizar la tecnología y por proteger de la competencia a sus propietarios.