El agente secreto también está ambientada en la época de la dictadura y describe la supervivencia a ella de un señor muy normal. Los 160 minutos inicialmente los he afrontado sin miedo inicial porque tanto el prometedor título como la temática y la presencia de un asesino profesional contratado por el poder invitan a imaginar una película de intriga en la que van a ocurrir muchas y perturbadoras cosas. Pero no es exactamente así.
El agente secreto es sobre el papel una película de espías que guarda dentro una de terror de serie B con tiburones o piernas amputadas asesinas. Tal cual. Es eso y el drama de un hombre solo que busca a su hijo y se encuentra quién sabe si con una muerte segura. Es eso y el relato de una ciudad acosada por un silencio culpable; un silencio que se filtra por las paredes, embota los sentidos y arruina la más mínima posibilidad de esperanza.
Es de celebrar que aquellos años de infamia (en los que el dios Pelé se mantuvo calladito) no vuelvan a perpetuarse con un fulano tan temible y abominable como Jair Bolsonaro. Sin embargo, eso no basta para otorgarle valor artístico a esta película tan larga como poco estimulante.
