El papa León XIV ha presentó ayer su primera encíclica, la Magnifica Humanitatis, un texto que ha sorprendido por su alcance: más que un documento sobre inteligencia artificial es un diagnóstico moral de la civilización en lo que él llama la cuarta revolución industrial.
Uno de sus diagnósticos más descarnados tiene que ver con quién controla el poder tecnológico. Antes eran los estados; hoy son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos superiores a los de muchos gobiernos".
El poder tecnológico ha adquirido así "un rostro predominantemente privado, y por ello aún más difícil de gobernar y orientar hacia el bien común.
Y todo esto fundamenta aún más la demanda de regulación y gobernanza internacional.
elperiodico.com//leon-xiv-primera-enciclica
Uno de sus diagnósticos más descarnados tiene que ver con quién controla el poder tecnológico. Antes eran los estados; hoy son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos superiores a los de muchos gobiernos".
El poder tecnológico ha adquirido así "un rostro predominantemente privado, y por ello aún más difícil de gobernar y orientar hacia el bien común.
Y todo esto fundamenta aún más la demanda de regulación y gobernanza internacional.
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La vuelta al poder de Donald Trump y su indiscutible avenencia con las grandes empresas tecnológicas han dado lugar a una nueva fase del capitalismo neoliberal, la del ‘tecnofascismo’, también denominado ‘tecnofeudalismo’, término que designa y encarna la defensa a ultranza del autoritarismo político por gran parte del mundo tecnológico.
La revolución digital ha provocado el regreso de los monopolios y el dominio de los mercados, y la dependencia de unas empresas que, además, crean normas y condiciones imponiendo sus criterios en los nuevos feudos digitales.
El tecnofascismo no es una ideología política identificable. es más bien una nueva fase del capitalismo neoliberal impulsada por el capital tecno-digital y que no se presenta necesariamente como una ruptura brusca con la democracia liberal, ya que aspira a superarla. Conserva las apariencias del sistema democrático (símbolos, procedimientos y rituales) a la par que lo vacía de alma, naturaleza, soberanía y sustancia.
Y he aquí que nos encontramos con uno de sus mayores exponentes actuales, Peter Thiel, director de Palantir. Para este postulante a ‘teórico tecnofascista’ se trata de convertir la soberanía política en una empresa comercial, de sustituir el sistema democrático por una ‘autoridad total’, la de su clase, perdiendo su autonomía relativa frente al capital.
En el ocaso del neoliberalismo el capitalismo de renta debe controlar el Estado, y para ello necesita desacreditar su legitimidad democrática y sustituir la servidumbre libre y voluntaria de la democracia por una obediencia asustadiza y temerosa.
Para ello, Palantir intenta construir una nueva legitimidad política, La democracia es el régimen de los débiles que mediante la moral y la transparencia dominan a los fuertes. los tecnofascistas desean un mundo mucho más detestable de lo que ya es, en el que la democracia sea menos que una palabra vacía que ampare una política de clase, de su único interés, de dominación y depredación, nacida, no nos olvidemos, del fracaso del capitalismo democrático y de la promesa neoliberal de prosperidad. Y todo ello sin filtro, sin máscaras y a cara descubierta.
lectura.kioskoymas.com/ElCorreo
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Los 22 puntos del Manifiesto de Palantir , publicados en la red social X el 18 de abril de este año, nos dan la pista de por dónde van sus intenciones.
O reaccionamos o simplemente, nos eliminan.
La revolución digital ha provocado el regreso de los monopolios y el dominio de los mercados, y la dependencia de unas empresas que, además, crean normas y condiciones imponiendo sus criterios en los nuevos feudos digitales.
El tecnofascismo no es una ideología política identificable. es más bien una nueva fase del capitalismo neoliberal impulsada por el capital tecno-digital y que no se presenta necesariamente como una ruptura brusca con la democracia liberal, ya que aspira a superarla. Conserva las apariencias del sistema democrático (símbolos, procedimientos y rituales) a la par que lo vacía de alma, naturaleza, soberanía y sustancia.
Y he aquí que nos encontramos con uno de sus mayores exponentes actuales, Peter Thiel, director de Palantir. Para este postulante a ‘teórico tecnofascista’ se trata de convertir la soberanía política en una empresa comercial, de sustituir el sistema democrático por una ‘autoridad total’, la de su clase, perdiendo su autonomía relativa frente al capital.
En el ocaso del neoliberalismo el capitalismo de renta debe controlar el Estado, y para ello necesita desacreditar su legitimidad democrática y sustituir la servidumbre libre y voluntaria de la democracia por una obediencia asustadiza y temerosa.
Para ello, Palantir intenta construir una nueva legitimidad política, La democracia es el régimen de los débiles que mediante la moral y la transparencia dominan a los fuertes. los tecnofascistas desean un mundo mucho más detestable de lo que ya es, en el que la democracia sea menos que una palabra vacía que ampare una política de clase, de su único interés, de dominación y depredación, nacida, no nos olvidemos, del fracaso del capitalismo democrático y de la promesa neoliberal de prosperidad. Y todo ello sin filtro, sin máscaras y a cara descubierta.
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Los 22 puntos del Manifiesto de Palantir , publicados en la red social X el 18 de abril de este año, nos dan la pista de por dónde van sus intenciones.
O reaccionamos o simplemente, nos eliminan.