El verdadero paso hacia la salud es recordar que
la buena vida es un fuego compartido en el que todos nos podemos calentar.

martes, 19 de mayo de 2026

Trump debe volver a aparentar poderío.
La ocasión es Cuba. Un viejo enemigo famélico.
Y Xi mirará hacia otro lado, en concreto hacia Taiwán.
Una isla para tí y otra para mí.

 Tras el fracaso en Irán, a Trump le urge aparentar poderío exterior, que el despotismo interno flojee, apenas mantenido con purgas sistémicas: de los militares razonables, de las universidades rebeldes, de los manifestantes y los inmigrantes, de los periodistas correctos, …

Así las cosas, la receta canónica consiste en recurrir a otra operación externa, de fuego y furia, esperando que esta vez salga como con Maduro, y no como con los ayatolás.
La ocasión es Cuba. Un viejo enemigo famélico, sin petróleo ni luz porque Delcy va a lo suyo y Vladímir ya ha quedado bien con una limosna temporal. Casi agónico. Y, en cambio, voltear al poscastrismo puede acarrear sustanciosos dividendos simbólicos: el desquite del empleado Fulgencio Batista, del fiasco en Bahía Cochinos, de tantos decenios de resistencia y desafío impertinente al imperio.

La visita a Pekín ha arrojado resultados comerciales magros y ha aclarado, incluso a los más inocentes, la tendencia a ir concretando el reparto del mundo entre los dos colosos. Xi le preguntó por Taiwán y Trump rehuyó el envite, pero prometió reflexionarlo. Quizá esa sintonía implícita no requiera de una ocupación a lo Granada. Quizá bastaría una doble esterilización: renuncia definitiva a una declaración de independencia de Taiwán y el correspondiente apoyo militar americano, acompañada de una delcyficación de Cuba. Cada uno a su imperio neocolonial. Y el espíritu de Pilatos lavándose las manos en el de todos.