Entiéndanme, no sé nada del actual pontífice y le supongo buena fe pero estamos hablando del líder de una agrupación particular de personas que creen en cosas poco verosímiles desde el punto de vista científico. Igual soy yo que no doy para más pero ese tres en uno de padre, hijo y espíritu santo no lo he entendido nunca, la verdad. Ni la posibilidad de que exista algo tan extraño como la inmaculada concepción.
Pero disquisiciones teológicas aparte, hay algo de sumisión de clase en esa juventud que dice ser de repente más creyente que sus padres ateos al no poner sobre la mesa el asunto del dinero, cómo esa gigantesca organización llamada Iglesia está en realidad llevándose el fruto de nuestro trabajo al no tributar como todo hijo de Dios. Paga más IBI una señora mayor y viuda que tiene un pisito que le ha costado los ahorros de toda la vida que una empresa con una riqueza descomunal como es la propia Iglesia. Ese privilegio está tan normalizado que ni nos damos cuenta de que existe.
Ahora el papa vendrá a hacernos una visita, a inaugurar la cruz de la Sagrada Familia y tampoco nos haremos la pregunta del millón que es: ¿quién paga todo esto? Sospecho que, como siempre, usted y yo, querido contribuyente de a pie.
cadenaser.com/nacional/2026/05/28/Najat_El_Hachmi
Dicho esto, adjunto un comentario sobre la primera encíclica del Papa
desafiando a los gigantes de la inteligencia artificial.
León XIV desafía a los gigantes de la inteligencia artificial
Un artículo de Francesco Olivo en La Vanguardia